Psic. Margarita S. Guerra Paredes.

Nadie puede negar que perdonar es un proceso que puede llevar años; pero creo que el perdón más difícil, es el perdón a uno mismo.

Después de muchos años de escucha, pienso que somos especialistas en ser severos con nosotros mismos, en juzgarnos y sentenciarnos a cadena perpetua por un error. Repasamos una y otra vez el error cometido y nos flagelamos de muchas maneras, negándonos otra oportunidad, recordando todos los días el evento, dándonos una vida con amargura y tristeza. Nos cobramos una y otra vez la misma factura, nos repetimos una y otra vez frases como:
“Que tont@ fui”, “Porque lo hice?”, “Si tan solo hubiera…”, “Por mi culpa…”, “Como no se me ocurrió” etc.

Los “hubiera” se arremolinan… torturan, como si en cada “hubiera” se generará una oportunidad de cambiar el pasado, que solo llena de más frustración y dolor.

Nos cuesta mucho trabajo aceptar que nos equivocamos, que frente a determinadas situaciones actuamos con lo que teníamos (habilidades físicas, emocionales, intelectuales) y que “a toro pasado” todos somos más inteligentes, más rápidos, más brillantes, más fuertes.

¿No es esta una tortura eterna, interminables y frustrante?…
¿Como puede ser que la misma persona que es víctima sea al mismo tiempo verdugo?

Pues sí, cuando no nos hacemos conscientes de todo este proceso y no buscamos formas para detenerlo, en eso nos convertimos, en víctimas de nuestra crueldad.

Nuestra aspiración a ser perfectos nos lleva a NO aceptar que nos equivocamos y que al equivocarnos lastimamos a personas y con mucha frecuencia son cercanas y las más queridas.

Algunas SUGERENCIAS que tal vez disminuyan esta condena que parece eterna:

– No juzgar con ojos presentes las acciones pasadas.
Creo que es la primera y la más importante sugerencia para dejar de ser víctima y verdugo.
– Ser gentil, amoroso y comprensivo, CONTIGO mismo.
Imagínate que una persona muy querida acude a ti y te platica el error que cometió y las consecuencias que tuvo y el tiempo que ha pasado y la forma en que se tortura imaginando, pensando, juzgándose, criticándose. ¿Qué le dirías?, ¿Lo humillarías más?, ¿Cómo lo consolarías?, ¿Te darías media vuelta y lo dejarías ahí con su dolor?… Esa amabilidad que surge frente a otras personas, búscala para ti mism@… Abrázate, consuélate, y repite para ti palabras que con facilidad le dirías a esa persona.
– Procura ser objetivo. Lo pasado ya paso. Tu responsabilidad está en el día a día…
que haces con tu vida para que valga la pena tu existencia, para enmendar ese error, aterrízalo.
– No busques olvidar… busca perdonarte, porque te tengo una mala noticia…

ERES HUMAN@!!… Seguramente te volverás a equivocar, acéptalo, espéralo y genera tus propias estrategias para perdonarte y ser amable, gentil y generoso contigo.

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