Psic. Heriberto Membrila Benavides.

“Hay veces que… No, olvídalo, ¿para qué te lo cuento”
(Pensamiento depresivo)

Es difícil saber cómo nos percibe la demás gente, no sabemos exactamente qué les transmitimos hasta que vemos sus reacciones, y aún así podemos creer que percibieron algo distinto de lo que queríamos expresar. Mentiras piadosas para creer que expresamos lo que queremos y además que quien nos escucha, nos entiende bien. A veces, esto le pasa a otras personas también, tal vez a las personas que tratan de decirnos algo les ha llegado a ocurrir…

¿Estás consciente de qué es lo que percibe en ti la gente? Aquí dejo un pequeño diálogo que puede darse en cualquier familia:

Ella: Nuestra hija está triste porque tuvo un mal día en la escuela y también le fue mal con su equipo de deportes.

Él: ¿Ya hablaste con ella? En la noche, antes de dormir, voy a tratar de animarla.

Ella: De hecho me preocupa que tiene pensamientos muy negativos, dice que esta vida es una cochinada y que no vale la pena esforzarse.

Él: ¡Ah caray! Eso es más delicado, con más razón voy a platicar con ella para ver si está teniendo problemas con alguna de sus amigas, o saber qué está pasando…

Ella: Sí, me preocupa mucho, quiero verla alegre y juguetona otra vez.

Él: Y también sería bueno que nosotros dejáramos de quejarnos de nuestra vida, al menos enfrente de los niños.

Ella: ¿Qué te pasa? Yo puedo quejarme y si creo que esta vida es una porquería voy a decirlo: ya estoy grande.

Él: ¿O sea? ¿?

¿Cuál es el mensaje? ¿Algo así como “la felicidad solo es cosa de niños”? O peor aún: “La vida es mala, pero a los niños debemos hacerles creer que es buena”.

Aquello en lo que creemos es lo que de verdad transmitimos a los demás, más allá de las palabras. Lo que creemos se expresa aunque no nos demos cuenta en nuestros gestos, en nuestros actos, en nuestros hábitos, y si no coincide con lo que decimos, el mensaje más sincero que percibe nuestro interlocutor no es el de nuestras palabras, sino el de nuestro cuerpo. Tal vez por eso no recibimos las respuestas que esperamos.

Como este ejemplo hay muchos otros en nuestras pláticas diarias con familiares, amigos y compañeros. Se les conoce con el nombre de “pensamientos negativos”, pensamientos distorsionados” o “distorsiones cognitivas”. Conviene conocerlos e identificarlos en nuestra manera de hablar, pues generalmente ocurre que los utilizamos sin darnos realmente cuenta que estos pensamientos son los que marcan nuestro estilo personal en la comunicación, es decir, según nuestro patrón de pensamiento negativo es como nos percibirá quien reciba nuestros mensajes:

(Cuadro tomado de la página https://pensamientospositivoscortos.com)

Como sugerencia, conviene darte un tiempo personal para hablar claro contigo mismo y decidir si de verdad crees firmemente en las frases que dices, sobre todo cuando hablas con tus seres queridos. Si descubrimos que usamos una o más distorsiones cognitivas, hay una buena noticia: Con suficiente práctica podemos sustituir los pensamientos negativos por su extremo opuesto: pensamientos positivos, más cercanos a nuestra realidad.

¿Y si resulta que en algunos momentos, o con algunas personas, no somos congruentes? Muy bien, ahí tendremos la oportunidad de decidir si queremos cambiar algo para que coincidan nuestras palabras con nuestras creencias. Al conocernos más también nos dejamos conocer más. Estaremos más a gusto con nuestro propio ser y además, la gente que queremos nos percibirá más como realmente somos.

Hasta luego.

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