CREERNOS BUENOS
Psic. Heriberto Membrila Benavides.

Uno de los mayores peligros para las relaciones de pareja o entre padres e hijos, y para la humanidad en general, es el narcisismo que nos hace buscar siempre la manera de sentirnos bien a costa de lo que sea. También es negligencia, ¿o cómo se dice cuándo te vale lo que le vaya a pasar a otros si no haces lo que te corresponde hacer?

El narcisismo, la negligencia, el hedonismo, nos llevan a justificar cualquier crueldad que hayamos cometido, y una vez justificada basta un pequeño paso para que uno mismo “se perdone” sin importar qué es lo que hizo. Entonces llegamos al punto máximo del egoísmo: la prepotencia.

No hacen falta golpes para hacer daño. Pero a veces también los hay. Hombres y mujeres debemos salir de esa zona de confort que nos hace ver la culpa en los demás y sentirnos inocentes del todo para justificar todo el daño que hemos hecho. Perdonarnos para no reparar el daño causado a otra persona es un acto de soberbia y cobardía, también es un acto que puede volverse hábito.

Responder por nuestros actos puede romper el hábito autodestructivo y prepotente de hacer lo que se nos dé la gana con nuestra vida y con la de los demás, responder por nuestros actos puede ser difícil y hasta doloroso al principio, y también puede convertirse en un hábito. Este hábito es el que puede terminar con el círculo vicioso de vivir repitiendo el abuso hacia los demás.

Pero igual que en aquel cuento donde los ratones preguntaban “¿quién le pone el cascabel al gato?”, aquí la pregunta para todos nosotros es “¿quién va a reconocer primero que en realidad ha hecho cosas malas y no ha respondido por ellas?”

Humillar.

Juzgar.

Avergonzar.

Abandonar.

Prometer sin cumplir.

Reclamar.

Exigir y nunca agradecer.

Callar cuando se debe hablar.

Ignorar y no escuchar.

Criticar sin reconocer.

Estar, pero jugando a no estar.

Desconfiar.

Rechazar.

Burlarse.

Gritar.

Preguntar y preguntar sin contestar las preguntas de otros.

¡Tantas formas de hacer daño sin golpear el cuerpo!

Rompamos el círculo del abuso, repasando primero cuántas veces hemos actuado convencidos de que “somos buenos” y en realidad hemos lastimado a otros… O hemos permitido que otro nos lastime. Esta es otra forma de creer que somos buenos, pero mientras alguien salga lastimado con nuestros actos (¡incluso uno mismo!) no estamos afrontando la responsabilidad que nos toca asumir.

Hasta luego.

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