BUENOS PROPOSITOS…

BUENOS PROPOSITOS.

Psic. Heriberto Membrila

Y esos buenos propósitos…. ¿Por qué no los cumplimos?

Hay muchísimas razones por las que no se cumplen los propósitos, y algunas de verdad escapan a nuestro control pues en el transcurso del año nos esperan muchas vivencias de todo tipo. Un evento afortunado puede cambiar las posibilidades que tenemos actualmente y facilitar la realización de uno o más propósitos: Igualmente, un evento desafortunado cambiará nuestras prioridades y nos obligará a replantear cómo manejamos nuestros recursos para resolver situaciones más inmediatas.

Claro que tampoco vivimos a la deriva esperando que el viento sople casualmente a nuestro favor, sino que tenemos la posibilidad de prever algunas situaciones y planear otras. Dentro de este contexto, considero que algunas de las causas que dependen de cada uno de nosotros son:

1. Porque tenemos tooooooooooodo un año para hacerlos y ¡decidimos esperar!

2. Porque en realidad no nos interesa cumplir un propósito, pero es bonito seguir la moda cuando cambia el año.

3. Porque nos proponemos metas demasiado altas, y cuando las queremos llevar a cabo ya no parecen estimulantes sino muy difíciles.

4. Porque nos proponemos cambios que van contra nuestra educación o nuestros valores, negando lo que somos, y no es posible hacer estos “cambios mágicos”.

5. Porque lo que queremos cambiar no es lo que necesitamos cambiar.

6. Porque nos echamos encima propósitos para darle gusto a otra persona y no a uno mismo.

7. Porque queremos conseguir nuestros propósitos sin esfuerzo ni dedicación, y a los pocos días de iniciar el año vemos que esto generalmente no es posible.

¿Cómo podemos cumplirlos?

Aunque no hay garantías ni recetas que nos sirvan igual a todos, tengamos en cuenta que los propósitos más fáciles de conseguir son los que realmente queremos cumplir. Los siguientes tips pueden ser de mucha ayuda si tenemos la voluntad de ser mejores, de actuar mejor, o de adquirir algo mejor:

1. Dejar de hacer buenos propósitos una vez al año, para empezar a hacer buenos propósitos de corto plazo (semestrales, trimestrales, mensuales, semanales o diarios). Todos los días estamos a prueba, así que todos los días podemos tener un buen propósito ¡y hacerlo conscientemente!

2. Asumir si en verdad tenemos el deseo de hacer un buen propósito o no. Si en este momento no tengo la claridad para decidir a qué carajos me voy a enfocar, entonces por lo pronto mi primer y único propósito puede ser encontrar ese objetivo en mi vida.

3. Si el propósito que me puse es muy alto y escapa a mis posibilidades actuales, lo más probable es que lo abandone de inmediato diciendo “luego… después… primero haré esto otro” o cosas así. En estos casos lo más sano es dividir ese propósito en metas más pequeñas y de esta manera ir actuando para conseguir pequeños logros que nos conduzcan a la meta principal. Esto nos evitará frustraciones prematuras y nos ayudará a ser más ordenados en nuestra planeación.

4. Es común desear lo que hace felices a otras personas. Pero cuando lo probamos nosotros puede ser que no funcione igual. Lo más recomendable es hacer que nuestros propósitos salgan de nosotros mismos, aunque la tentación de seguir el modelo de otros sea muy grande.

5. Identificar primero qué es lo que necesitamos en realidad. Suena lógico: Si no sabemos lo que necesitamos, nos propondremos cualquier cosa y a mitad de la tarea le perderemos el interés porque… necesitaremos hacer otra cosa, o gastar en otra cosa. Muchas veces compramos a crédito así, pensando en lo que queremos y no en lo que necesitamos, y eso hace más desesperante pagar las deudas adquiridas de impulsivamente.

6. Darle gusto a otra persona es tener la ilusión de conquistarla o de ganársela, de hacer que se fije en uno y nos dé preferencia sobre otras personas. Pero eso no funciona si para darle gusto tenemos que sacrificar lo que necesitamos o lo que queremos. No nos engañemos: Si tus propósitos están hechos pensando en otra persona, entonces tu único propósito es agradarle a esa persona. Es mejor asumir este propósito como tal y, si es así, esforzarse por lograrlo. Si no es así, hay que volver a plantearse para qué haces tus propósitos con base en lo que prefiere alguien que no eres tú.

7. Armar una estrategia. Los propósitos son una buena oportunidad para llevar a cabo cambios importantes en nuestros hábitos de vida, y eso es lo mejor que nos pueden dejar. Si queremos ahorrar debemos reducir nuestros gastos o aumentar nuestros ingresos. Si queremos llevarnos mejor con alguien, debemos estar dispuestos a ser más tolerantes nosotros y no solamente ese “alguien”. Si queremos estar más sanos debemos replantear cómo estamos usando nuestro tiempo y cómo nos alimentamos.

¿Y mis propósitos para este año?

Básicamente es uno: Me he propuesto ser más asertivo, utilizar mejor las palabras para decirle a cada cosa, emoción, conducta, hecho o persona por su nombre. Hablar con asertividad lleva a actuar con asertividad y esa es mi mayor meta. Confío en seguir las 7 recomendaciones que aparecen en la segunda parte de este texto para cumplir este objetivo día a día.

Hasta luego.

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