Mtra. Danitza Aidé Covarrubias Treviño.

Cuando hablamos de límites generalmente la idea que viene a nuestra cabeza es establecer límites al otro, detener al otro, o decirle un “hasta aquí” a alguien más.

Sin embargo, como suele suceder, nos enfocamos en el afuera, cuando en realidad es hacia adentro donde debemos mirar: los límites es a nosotros mismos.

Es decir, hasta qué punto es sano, queremos, podemos, y vamos a resistir. Es decir, si paso de ese límite, ¿cuál es la consecuencia para mí? si permito pasar de esta línea, ¿qué pasará? ¿cómo me sentiré?

El asunto está también en que dependiendo de cuál es mi trato conmigo, será los límites que le ponga o no al otro. Es decir, si yo soy perfeccionista y me exijo demasiado, en ningún momento repararé si un jefe, o mi pareja por ejemplo están exigiendo demasiado, pues ya hago lo mismo, sin la necesidad de que el otro lo haga por mí.

Por lo tanto, es en la medida de mi trato hacia conmigo que permito o no lo que los demás hagan o no conmigo. Es ese el referente y el reflejo de las relaciones interpersonales. Como me trato me tratan, y como me trato es como pongo o no límites a los demás. Entre más maltrato tenga yo hacia mi persona, más maltrato permito que los demás tengan hacia mí. Entre más amor y paciencia tenga hacia conmigo, más buscaré a personas que estén en este tipo de trato.

Es desde ese amor propio que tomo la fuerza para ponerle el alto al otro.

Y tu, ¿Has revisado cómo te tratas?
¿Se parece en algo a como te tratan los de alrededor?
¿Cómo pones límites?

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