Psic. Heriberto Membrila Benavides.

Si aceptas casarte, también aceptas afrontar los problemas que surgen en la vida matrimonial.

Casarse o iniciar vida de pareja en unión libre significa asumir el compromiso de vivir con otra persona que viene con su propia historia de vida, en la que intervino otra familia con costumbres distintas a la tuya y también con una forma muy particular de ver la vida y los problemas. Lo que para ti es un problema, tal vez para esa persona con la que elegiste vivir solo sea un inconveniente… Y a la inversa.

Cuando ambos ven el mismo problema pueden darse distintas formas de abordarlo y resolverlo, incluso puede ser que los métodos de cada uno para afrontarlo sean opuestos. En todo caso, lo más valioso de la vida en pareja es la decisión personal de mantenerse unidos y afrontar las dificultades y problemas cotidianos aprendiendo de sus diferencias. Sumando a lo que ya sabes la experiencia de esa otra persona. Y a la inversa.

Porque en la vida seguirán habiendo problemas. Cuando resuelvas uno descubrirás que tienes la capacidad para enfrentar otro más complejo. O tal vez puedas manejar sin angustia ni ansiedad situaciones que antes suponían un problema, porque al enfrentarlo dejó de serlo. El matrimonio, la vida en pareja, permite afrontar esos problemas en compañía, y entre más flexibles sean los dos miembros de la pareja, más opciones tendrán para actuar.

Entre todas las opciones está la de salir huyendo y dejar ahí tirado el “problema” de la relación con otra persona en vez de afrontarlo. Pero antes de hacerlo conviene detenerse un poco a pensar si no fue por esa misma opción que antes decidiste salir de la casa de tus padres para dejar allá el “problema” de tu relación con ellos. En casos donde se aplica con rigor esta opción, tal vez también se haya abandonado la escuela para terminar de una vez por todas con el “problema” de la relación con los maestros o con algunos compañeros. Si no aceptamos otra forma de afrontar los problemas podemos terminar solos, o más bien aislados porque nadie está realmente solo, y si descubres que ya te aislaste de los demás, todavía entonces tendrás el problema de llevarte bien en tu relación contigo.

“Lo que critico en ti, lo corrijo en mí”.
(Anónimo… o autor desconocido, que a mí gusto se escucha más triste)

Si la vida nos deja siempre un problema y decidimos aceptar esto con gratitud, como la oportunidad de aprender y evolucionar, podremos desarrollar una habilidad que solamente se adquiere con la experiencia y el contacto con otras personas: Negociar.
Hablar con otra persona (u otras personas) para ponernos de acuerdo en algo que nos afecta a ambos. Ganar un poco, ceder un poco hasta llegar al punto más cercano a “ganar-ganar”. Y ganar es una experiencia que se disfruta más en compañía.

La relación de una pareja no se trata solo de amor o de sexo, básicamente se trata de acompañarse libremente.

Además hay un secreto egoísta en esto de negociar con los demás: Lo que ocurre afuera también ocurre adentro, así que también es posible aprender a llevarse bien con uno mismo. Una de las mejores formas de resolver problemas sin repartirle culpas a toda la gente que está a nuestro alrededor es convertirse en el mejor amigo de uno mismo.

¿Entonces ya sabes cuál es la mejor manera para NO tener problemas en el matrimonio? ¡Fácil!: NO te cases.

Pero también sabes que esa solución NO impedirá que tengas problemas fuera del matrimonio.

Hasta luego.

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