MENTIR
Psic. Heriberto Membrila Benavides.

“Pero ella prefería escuchar mentiras piadosas”. Joaquín Sabina

Decir mentiras es una práctica que ejercita la imaginación y disimula nuestras actitudes malsanas, esas que forman el “camino de desintegración personal” en el eneagrama o los “pecados capitales” en la religión. No importa si la mentira se dice en defensa propia o con la mejor de las intenciones, todo lo que nace fuera de la verdad tendrá unas bases frágiles, con riesgo de romperse ante el simple asomo de una verdad mal escondida.

“Yo no miento”
(Cualquier persona)

Dicen que todas las mentiras caen por su propio peso, pero todos sabemos que hay excelentes tejedores de mentiras, y algunos de estos son figuras públicas o incluso figuras de autoridad. En este México surrealista tenemos mitómanos en algunos noticieros, en algunos puestos de Gobierno, en el deporte, en la educación… ¿en la familia, los amigos, el trabajo? ¿cuántos secretos están flotando en el ambiente como fantasmas que de repente aparecen y nos asustan?

Decir mentiras puede terminar mal:

1. Se requiere una excelente memoria para no caer en contradicciones.

2. Quien miente cree más en sus propias mentiras que en la realidad, cualquiera que esta sea.

3. Quien miente lo suficiente, también se convierte en una mentira.

4. Quien hace como que cree a un mentiroso se vuelve cómplice y rechaza su propia verdad.

En algún momento tú habrás dicho alguna mentira y yo también: desde la inocencia de la Navidad, o tratando de ocultar algún pasado que podría ser inapropiado en este presente, o para no dejar ir una oportunidad de ganar algo, o para retener a una persona… Puede haber muchas explicaciones de por qué se dijo una mentira, pero difícilmente habrá una justificación, cuando mucho se encontrará complicidad. En los ámbitos de poder de cualquier nivel es de lo más común tener cómplices que disfracen de “verdad histórica” las mentiras que les resulten más convenientes. Así que la mentira es indispensable para que la corrupción nazca, crezca y se multiplique.

¿Seremos capaces de no aceptar la mentira como estilo de vida? Es posible. Las mentiras no funcionan a menos que las creamos… o que hagamos como que las creemos, lo cual también nos convierte en mentirosos.

“¿Para qué buscar la verdad?
¿Y si no existe?
Entonces hay que construirla.”

Hasta luego.

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