¿QUE HACER FRENTE A ESTA REALIDAD?
Mtra. Danitza Aidé Covarrubias Treviño

Las noticias que últimamente hemos conocido dejan a muchas personas desoladas y con muchas preguntas en la cabeza, entre estas preguntas creo que esta la de ¿QUE PUEDO HACER?

QUÉ HACER ante “Servidores públicos” que solo sirven a sus bolsillos?, que incluso asesinan a niños para engrosar sus cuentas bancarias. Quienes son indiferentes ante el sufrimiento, la pobreza, la lucha de un pueblo, de una familia, de un ser humano que trata de sobrevivir.

QUÉ HACER ante la noticia de una masacre en un colegio?
Que confronta, cuestiona, y trastoca los temores más profundos de quienes somos padres.

QUÉ HACER ante un sistema económico, político y social que propicia soledad, desquiciamiento, y hambre?
Hambre de alimento, y sobre todo, hambre emocional, y me atrevo a mencionar, hambre espiritual. Hambre de abrazo, de escucha, de mirada. Hambre de llenar un vació que pareciera se llena con comprar, y con tener, pero que nos deja más alejados unos de otros, más vacíos, y con más hambre.

Viene a mi cabeza que el crecimiento personal/espiritual es fundamental, ese al que muchas veces no le damos espacio, lugar, tiempo, ni mirada, por estar tan preocupados y ocupados en las obligaciones materiales y mundanas. Cuando no miramos más allá, nos perdemos de contactar con algo más profundo y valioso, que es necesario para la existencia, para la comprensión de la vida.

Y así mismo, al no darle espacio, al no vivirlo, mucho menos lo trasmitimos en la crianza y en la formación de las futuras generaciones.

QUÉ HACER…

Es fundamental poder contactar nosotros mismos, y comunicar a nuestros cercanos, con eso vital, que va más allá, que nos vincula y que entreteje los hilos de la humanidad, de la vida misma. Con eso que da sentido, y que hace que los seres humanos nos sintamos completos, plenos, y con un caminar sereno, pacífico, amoroso.
Es fundamental volver a mirar el origen, el principio de la vida: EL AMOR.
Es en el amor mismo que la vida se genera. Y aún así, se nos olvida.

Recordemos abrazar a nuestros hijos, mirarlos desde la ternura, desde esa capacidad de asombro ante el milagro de ese pedazo de carne que surgió de nuestro amor a la pareja con quien le concebimos.

Recordemos mirar a esa pareja con admiración, apreciación, agradecimiento. Asombro por seguir luchando por estar juntos, o por el tiempo que se compartió.

Recordemos mirar hacia atrás, a nuestros padres, abuelos, y demás ancestros que son también eslabón que nos trajo al mundo y entretejió la historia.

Recordemos mirarnos al espejo, sin crítica, sin juicio, sin exigencia de cumplir los estándares sociales, y las exigencias de la rutina, recordemos mirarnos a los ojos y asombrarnos de que aún respiramos y estamos vivos.

Recordemos mirar hacia ese misterioso ser superior, sea como le llamemos: energía, Gran Alma, Dios, inteligencia superior, y poder mirar la unidad que significa, que representa.

Y creo que la función que cumplen todos estos sucesos que nos rodean es el fuerte recordatorio: RECORDEMOSLO!

Recordemos para qué venimos.
Recordemos gozar, disfrutar y servir a la vida.
Recordemos mirar a la vida, y a los vivos, en ese vincularnos. Recordemos pisar la tierra, abrazar al árbol, mirar al ave, sentir el aire.
Abrazar a los niños, escuchar a quienes nos rodean. Recordemos la vida.

“El amor del espíritu es una actitud. Acepta todo tal cual es, simplemente porque existe.”
Bert Hellinger.

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