FACTURAS POR COBRAR.

LAS FACTURAS POR COBRAR.
Mtra. Danitza Aidé Covarrubias Treviño

Pasa muy a seguido, más de lo que nos damos cuenta, que estamos en una actitud de reclamo, de exigencia, o incluso de “venganza”. Y muchas no sabemos ni qué nos pasa. Ni quién nos la debe, pero sí quién nos la va a pagar.

Suelen pagárnosla en primera instancia nuestra pareja, que como adulto inteligente suele safarse del cobro. Pero entonces, quién más nos la podrá pagar? Los más débiles del sistema: nuestros hijos. Y cómo nos la cobramos? A gritos, con intolerancia, con impaciencia, con chantajes a veces. Hay mil maneras.

Y de quién es originalmente la factura. Generalmente la factura es de algún –o algunos- personaje de nuestra historia, que suelen ser papá o mamá. No porque realmente nos la deban, pues ellos hicieron lo mejor que pudieron. Si no porque desde su sombra, sus defectos, sus errores –como de cualquiera-, nos dolió un pedazo de nuestra historia. Y tenemos ahí el dolor atravesado, el reclamo añejo, la herida antigua, y nos mueve sin que nos demos cuenta.
Hay actitudes en nuestra pareja que suelen –sin querer hacerlo- apretarnos el botón que nos activa aquello de lo que muy probablemente no somos conscientes, pero que actúa en nosotros. Y entonces nos sentimos abandonados, o poco atendidos y reconocidos, como aquél niño o niña de nuestro pasado.
Y puede ser verdad que nuestra pareja no pueda atendernos como deseamos –así como nuestros padres no pudieron por las circunstancias propias-, más reaccionamos como niños, desde aquél niño herido que vive en nosotros. Y ahí entonces le cargamos la factura. Pues no somos el adulto –el hombre o la mujer- hablando, dialogando, negociando, solicitando de la manera más adulta posible aquello que nos incomoda. Si no que somos el niño haciendo berrinche, la niña llorando y pataleando.
Ahí entonces, nuestro ser pareja se dispareja, pues se convierte en una relación parental, es decir, como si fuera un papa o mamá con un hijo o hija. Luego entonces la pareja toma su distancia para evitar la confrontación y el pago de la factura y nos desquitamos por ende con nuestros hijos, pues no sabemos qué hacer con todas esas emociones desbordadas que se activaron en mi niño interior.

Y qué podemos hacer?
En primer lugar, darnos cuenta, quién habla cuando hablo? Mi niño interior o mi ser adulto? Una vez reconocido, poder modificarlo. Tomar un espacio para sanar, tomar un espacio para poder tranquilizar a mi niño interior y que el adulto que vive en mí vaya a resolver, a hablar con la pareja, a criar a los hijos.

Revisemos pues donde tenemos facturas guardadas por cobrar. Esas heridas infantiles que aún no sanan, para así evitar cobrar las facturas a quien no nos las debe.

Y tú, ya descubriste qué te activa tu niño interior? Con qué es lo que actúas reactivamente?

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