RESCATAR…SER RESCATADO.

RESCATAR…SER RESCATADOS.
Psic. Heriberto Membrila B.

¿Alguna vez has tenido la tentación de decirle a tu pareja todo lo que tiene que hacer para estar bien?

¿Sabes que tú estás bien y tu pareja no?

¿Sabes lo que más le conviene?

¿Y lo has hecho? ¿Le has dicho lo que debe cambiar para estar mejor, con la mejor de tus intenciones?

Si ya lo hiciste, tal vez te encuentres con que esa persona no quiere cambiar y a lo mejor hasta tenga ese mal hábito que mucha gente adopta: Se quiere más a sí misma que a ti. Piensa que es su vida y por lo tanto tiene derecho a decidir sobre ella, tomando o no en cuenta lo que los demás consideren que es mejor. Y hasta puede decir que si lo vas a querer, o si la vas a querer (según sea el caso), debes aceptar su persona así como es. Hay gente así: No se dejan “rescatar” y le hacen caso a su YO interior antes que a cualquier otro yo ajeno, por muy cercano y querido que sea. Si tienes una persona así contigo, puedes despreocuparte: Si necesita rescatarse lo intentará por sí misma, y si necesita ayuda, la va a pedir, sin duda.

Aunque es justo decir que en ocasiones eso desespera a un buen “rescatador”, porque las personas que gustan de rescatar a los demás pueden llegar a creer que no valen o que no sirven si no pueden ayudarle a mejorar a la persona que aman (su pareja, su mamá, su hijo, su amigo o amiga, su primo…). Y en vez de buscar en su interior la manera de crecer, buscan afuera la manera de ser valorados por otros.

Tal vez la idea de fondo sea algo así: “Si yo no me valoro, pienso que otros sí lo harán. Por eso debo demostrarles lo útil que soy.”

Y a veces también hay otras personas que sí buscan con angustia alguien que las rescate, que las guíe por la vida y les diga qué deben corregir en su persona, sus ropas, sus relaciones, sus palabras y todo lo que sea posible. Probablemente después se quejen de que su rescatador o rescatadora les manipula y no les deja ser libres, pero es un pequeño precio a pagar por evitarse la molestia de decidir sobre su propia vida.

En este caso, pudiera ser que quienes anhelan ser rescatados piensen algo así: “Si yo no me acepto y no me quiero, tal vez otra persona sí lo hará. Para que me quieran y nunca me abandonen cumpliré todas las órdenes de quien me quiere y sabe lo que es mejor para mí.”

Necesito urgentemente
que quieras lo mismo
que yo, que te quiero a ti
porque si no lo haces
pasarás sobre la vida
comparándote con el gato
con el perro
con la vecina
con tus hijos
con los sueños
propios y los de otros
con los vivos y los muertos
con los grandes y los pequeños
con familiares y desconocidos
con lo cerca y
con lo lejos
hasta que quedes
distante
irreconocible
muy fuera de ti
sin merecerte
y ya no sé
si necesito pero
me gustaría muchísimo
que tú quisieras
lo mismo que yo
que te quiero a ti
y también a mí.

(hemebe)
HASTA LUEGO.

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