PAREJAS CONTROLADORAS.

PAREJAS CONTROLADORAS

Psic. Heriberto Membrila. (Desde Aguascalientes)

“Hay hombres que pueden vivir con una mujer controladora, aunque vivir así es estresante. Puede ser por meses o años, pero al final, por mucho que el hombre ame a su mujer, acabará rebelándose, pues donde no hay confianza real y efectiva, no se vive en paz”.
Tomado de la página www.todamujeresbella.com

“Mejor yo lo hago, tú siempre lo haces mal”.

Las parejas llegan a desarrollar estrategias muy extrañas en la lucha por el poder, una que resulta muy curiosa y dañina para la relación de pareja y para las demás personas a su alrededor (por ejemplo los hijos), es cuando una persona juega a victimizarse cargando con las obligaciones y responsabilidades de los dos, quejándose de tener que hacerlo todo y al mismo tiempo impidiendo que su pareja haga cosas. Si las hace, entonces la reacción será quejarse de lo mal que están hechas y de que tendrá que hacerlas de nuevo.

Es una forma dolorosa de controlar la relación; está basada en el autosacrificio y la denigración de cualquier intento que haga la pareja por actuar dentro de la relación. El resultado cuando los miembros de la pareja adoptan estos roles es como si uno de ellos aceptara cargar con la cruz de tener que controlar todo lo que se haga o diga y el otro acepta su condición de dependiente e incapaz de valerse por sí mismo. Curiosamente, ambos se sienten manipulados por el otro pero no sueltan su rol, pues al mismo tiempo encuentran una zona de confort desempeñando su papel.
“Aunque me canse más pero que quede bien, porque tú eres muy mal hecho”.

La persona que agarra el rol de “Yo sí hago bien las cosas” se entrampa asumiendo cada vez más y más responsabilidades, trabajos domésticos, decisiones financieras, horarios y permisos, hasta sentir que de verdad no le queda tiempo para nada porque no tiene apoyo. No se da cuenta que si su pareja le ofrece apoyo, sistemáticamente lo rechaza o lo denigra. Se siente sola.

Y quien adopta el rol de sumisión, de creerse menos hábil que su pareja, corre el riesgo de en verdad convertirse en una persona sin decisión propia, con miedo a comprometerse con la vida y con otras gentes. Es una persona que se siente sola, pero mantiene su rol que le da cierta ilusión de seguridad porque es más cómodo seguir órdenes que asumir responsabilidades.
“Me desespera que no hagas las cosas como yo digo”.

¿Recuerdan la película “Intensa mente”? Me acordé porque en ella aparecen 2 personajes que representan perfectamente lo que estoy comentando aquí: Alegría es una chica optimista y dinámica que siempre está dispuesta a verle lo bueno a la vida y además es tan motivadora que todos le hacen caso, así que se siente con el derecho de organizar a todos los demás. En algún momento entra en conflicto con Tristeza, que es más lenta y contemplativa, no es muy buena para eso de las relaciones interpersonales y por si fuera poco, siempre le encuentra algún aspecto negativo hasta a los mejores proyectos.

Obviamente Alegría está segura de que la actitud de Tristeza está mal y que lo que ella haga estará equivocado y causará problemas, así que se encarga de tratar de limitarla e impedir que actúe. En algún punto de la película, Alegría está tan convencida de que solo ella puede hacer lo correcto, que termina cargando a una Tristeza que decidió dejarla hacer lo que sea, incluso llevarla arrastrando por los caminos de la vida, ¿quién manipula a quién?
“Me enoja que sea tan negativo: siempre le encuentra “peros” a todo lo que le digo”.

En la película, Alegría entiende a Tristeza y se da cuenta que esa forma de ver las cosas considerando también los riesgos posibles también resulta útil, por lo que termina aceptando a esa persona con todas sus diferencias. También tristeza acepta las diferencias de Alegría y hasta aparece más activa hacia la parte final de la película, y eso no va en contra de su naturaleza: Si nos peleamos con nuestra tristeza la hacemos crecer hasta convertirse en depresión, pero si la aceptamos nos permite actuar y no solamente contemplar la vida.

En la relación de pareja ocurre que al estar peleando y tratando de controlar o de mantener el estilo sumiso para “no molestar” a quien controla, ambas partes se estancan en su desarrollo personal. Quien se dedica a controlar a otros no los deja crecer: ¡si crecen se vuelven responsables de su propia vida! Y una persona responsable puede irse y construir su propia historia, pero la persona controladora se sentiría muy sola, así que no puede permitir eso. Con esta mentalidad, prefiere seguir atada a la quejumbrosa “necesidad” de hacerse cargo de su pareja, aunque el precio sea que tampoco podrá crecer, ya que no se puede atender para no descuidar a esa otra persona.

“Tú no decidas, para eso estoy yo”.

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