EL PERDÓN.

EL PERDON.

Psic. Consteladora Familiar. DANITZA COVARRUBIAS T.

Tenemos la idea cultural de que “debemos” perdonar. Y también de que “debemos” disculparnos, pedir perdón tanto en la pareja, en las relaciones de amistad, y en otro tipo de relaciones, cuando nos equivocamos. Más hoy quiero compartir cuestiones importantes al respecto:

1. En primer lugar, cuando pedimos perdón, esperamos que el otro nos libere el peso de la culpa al “perdonarnos”. Deseamos que inmediatamente cambie su estado de ánimo que tenga relación con el evento –por ejemplo “ay ya no te enojes, ya te pedí perdón”. Y esperamos que con eso todo quede en el pasado, en el olvido. Más sin embargo, creo que nos debe quedar claro que el “perdón” no borra lo sucedido, no borra el daño, y no podemos con ello pretender que todo se convierta en “aquí no pasó nada”. Es imprescindible compensar el daño hecho, y dar tiempo a que el otro se recupere. Qué quiere decir esto? Que por un lado yo me haga cargo del daño realizado tratando de resarcirlo, y de no ser posible repararlo, dar algo en “compensación”, esto como un asumir responsabilidad por lo que hice, y eso puede colaborar a que mi culpa disminuya o desaparezca. Y por el otro lado lo que yo pueda hacer para reparar o compensar no significa que automáticamente el otro quede obligado a que le sucedió emocionalmente tenga que modificarse, ya que puede suceder que necesite más tiempo para recuperarse de lo sucedido, y es importante comprender esto para continuar la relación.

2. La persona que “recibe” el daño, puede pensar que cuando le piden perdón está obligado a decir que sí, y a “fingir” u “obligarse” a cambiar de estado de ánimo. Más la pregunta sería: está reparado el daño? De no ser así, cómo dejarlo atrás? De ser así, qué hice yo para que esto sucediera? Cuál es mi parte de responsabilidad? Tal vez la respuesta a estas preguntas nos lleven a una aproximación de comprender porqué no podemos dejar atrás lo que sucedió.

3. Casi siempre, y más en las generaciones anteriores, tenemos la idea de que no se vale admitir ante nuestros hijos que nos equivocamos, ni disculparnos, y el temor es que “nos reste autoridad”. Es importante no pedirle a nuestro hijo perdón, en el sentido de que nos “libere” de la culpa y cargue él/ella el peso de lo que sucedió, con todo su dolor y sumarle mi culpa. Más si podemos decir “lo siento, me equivoqué” y más aún, compensar lo sucedido. Es decir, si yo le metí un fuerte golpe en un arranque de impaciencia, es mejor para los hijos decir “lo siento, me equivoqué, no debí lastimarte, y te compensaré jugando contigo media hora”. Esto hace que los hijos aprendan también que podemos equivocarnos y resarcir el daño y que su sensación de que no fue agradable la experiencia y pueda vivirla como injusta sea pasajera.

Realizado esto, especialmente entre la pareja, y los amigos, es importante ya llevarlo al olvido. Y solo es posible si se es resarcido y/o compensado. De no ser así, no podemos olvidarlo. Y por qué es importante olvidarlo? Para seguir adelante en la relación, para poder seguir en el intercambio del amor.

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