¿PORQUÉ ME CASÉ?

¿PORQUÉ ME CASÉ?

Psic. Heriberto Membrila Benavides.

“¿Por qué nos alegramos en las bodas y lloramos en los funerales? Porque no somos la persona involucrada.”

Mark Twain

 

 

¿Para qué me casé? Si no te hiciste esta pregunta antes de unir tu vida con la de tu pareja, ten por seguro que te la harás muchas veces después, cuando ya estén casados o viviendo juntos, que es casi lo mismo. He escuchado muchas veces esa pregunta en personas que extrañan su vida anterior, antes de casarse, y lo dicen a veces con nostalgia, a veces con coraje, a veces con decepción, o con cualquier otro sentimiento ¡hasta con satisfacción!
Para que estés en este último grupo y puedas decir con gusto y satisfacción para qué te casaste, vale la pena pensar en eso antes de dar ese importante paso. Y como recomendación muy personal, quiero recordarte que otra persona no podrá darte la felicidad, ni nada ajeno a ti lo podrá hacer. Cuando esperas que algo externo, ajeno a ti, te de felicidad y amor y todo lo bueno, estás dejando el control de tu vida en eso que está fuera de ti. En correcto español eso se llama adicción, y entonces no te sientes en paz cuando no recibes lo que esperas del exterior: tabaco, droga, alcohol o la ilusión de amor.
Así que nuevamente vuelvo a insistir en la idea de que solamente podremos vivir plenamente el amor de otra persona si antes somos capaces de amar a nuestra propia persona. Si tú no amas a tu propio ser, ¿por qué habrá de hacerlo otra gente? Y si te amas, entonces dejas de buscar alguien a quien necesitar, para compartirte con alguien libremente, sin dependencias ni codependencias.
Si te casas, o si emprendes cualquier proyecto sin saber para qué lo haces, probablemente lo que hiciste perderá el sentido y la motivación bastante rápido. Así que… ¿para qué te casas?
Para no estar solo o sola…
Para salirte de casa porque ya no aguantas a tus papás…
Para ser “libre” y vivir bajo tus propias reglas…
Para tener hijos y criarlos bien…
Para sentirte grande…
Para demostrar que tú y tu pareja sí van a lograrlo y su matrimonio no va a fracasar…
Para hacer algo con tu dinero, porque ya trabajas…
Para no avergonzar a la familia ni a nadie…
Para que tu hijo tenga un papá, porque estás embarazada…
Para poder tener relaciones sexuales…
Para tener quién te ayude aunque no haya amor…
Para ayudarle a tu pareja, porque tiene muchos problemas y dice que “sin ti no puede vivir”…
Para no quedarte a vestir santos, porque sientes que ya tienes muchos años encima (hay quien piensa esto a los 22, o antes)…
Para no enfrentar la soledad…
Para hacer feliz a la persona que amas…
Para ya no presenciar peleas y discusiones violentas en casa de tus papás…
Para ser como toda la gente: Todos se casan…
Para mandar…
Para que te hagan caso, porque crees que con tus papás te ignoraban…
Para crecer como persona y conocer otras facetas de tu personalidad que de otra forma no ibas a conocer…
 
Para compartir tu vida con alguien que también comparte la suya contigo…
Para ser feliz…
Para construir felicidad con ayuda de la persona que amas…
Para crecer junto a la persona que amas…
Para resolver con apoyo los retos que la vida le pone a los adultos…
Para llevar a cabo un proyecto de vida que trascienda a tu persona…
“Cuando nos conocimos bien nos dimos cuenta que haíamos nacido el uno para el otro… ¿quién más podría aguantarnos?”
(Anónimo).
Sea cual sea la razón por la que te vas a casar o por la que te casaste, recuerda que es una decisión que involucra a dos personas (claro: si no, no es una decisión de pareja). Si tú y tu pareja se están convirtiendo en amigos imaginarios, siempre puedes tomar una nueva decisión para orientar tu vida y tu relación hacia una actitud más constructiva. Esa actitud no hará magia, pero sí te ayudará a guiar tus próximas decisiones hacia lo que realmente quieres.
Uno de los mejores regalos que le puedes hacer a la persona que amas, es hacer que comparta su vida con una persona valiosa y completa (no con una “media naranja”). Y esa persona la puedes construir simplemente decidiendo hacer por ti todo lo que harías por la persona que amas.
Y si al final resulta que tú sí te aceptas y te amas como eres, que estás bien contigo y compartes tu bienestar con tu pareja pero no recibes lo mismo… entonces recuerda que puedes continuar amando a la persona más valiosa que hay en tu vida (o sea tú) e invitar a tu pareja a pedir ayuda profesional para rescatar su proyecto de vida en pareja. No hay garantías de que en una pareja las dos personas siempre podrán crecer y desarrollarse juntos, porque esa es una decisión muy personal que nace desde el interior de cada uno, pero si hay disposición y amor vale la pena intentar seguir juntos conviviendo de una manera cada vez mejor, o terminar bien.
Al final la meta es disfrutar el presente y dejar de preguntarse con tristeza y decepción “¿para qué me casé?”
Hasta luego.
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