LOS HIJOS CRECEN… ¿MIEDO?

DESDE AGUASCALIENTES… Psic. Heriberto Membrila.

LOS HIJOS CRECEN… ¿MIEDO?.

Hace unos días escuché Radio BI a las 6:00 de la tarde, en el programa “Para vivir mejor”, a la psicóloga gestalt e hidrocálida María Teresa Verdín hablando acerca de los hijos adolescentes y de algunas problemáticas que surgen en el ambiente familiar ante esta etapa. Me gustó mucho cómo manejó el tema de una manera sencilla, amigable y bien documentada. Me gustó tanto que aquí retomo ese tema y muchas de las ideas que ella expuso, con todo el respeto y el reconocimiento que me merece.

Si tienes hijos, tal vez te hayas dado cuenta que a veces nos da miedo de que crezcan o, por el contrario, quizás te cuestionas por qué no crecen más rápido para que hagan su propia vida. Uno de estos extremos guía la vocación de los padres, y será decisivo para que el futuro adolescente o adulto aprenda a desenvolverse en el mundo por sí mismo… o a no hacerlo.

Cuando no nos atrevemos a enfrentar la realidad de que los hijos están creciendo corremos el riesgo de aumentar el nivel de sobreprotección hasta convertirlo en un chantaje permanente para que los hijos no se atrevan a irse, y muchas veces no lo hacen, pues se sienten culpables de abandonar a sus pobres padres, tan desvalidos. A los papás que tienen este miedo les encantó la infancia de sus niños, porque en aquellos días los hijos les hacían caso en todo, los idolatraban y los tomaban como modelos de lo mejor que hay en el mundo. Pero aunque no lo quieran, los hijos crecen y necesitan hacer su vida. Lo único que estarán logrando estos padres es transmitir sus miedos a sus hijos, creando lazos enfermizos disfrazados de afecto y amor filial.

Por el contrario, los papás que quieren seguir haciendo su vida como cuando eran solteros o por lo menos cuando no tenían hijos, estarán enviando señales desde edades muy tempranas para que sus hijos se atrevan a probar suerte en la vida y se animen a seguir su propio camino… aunque todavía no estén listos para ello.

Como ya sabemos, ningún extremo es bueno, lo ideal es encontrar el equilibrio en la vida, la mesura: Los hijos no pueden empezar bien su propia vida si son demasiado chicos, pero tampoco lo podrán hacer si quieren empezar demasiado grandes. Y no debemos tener dudas en esto:

Los chicos de preescolar, primaria o secundaria dependen de sus papás y necesitan estar cerca de ellos, aunque sean rebeldes y hasta groseros ocasionalmente, pues estos son síntomas normales de la confusión que viven en el proceso de llegar a encontrar su propio camino.

Los chicos de preparatoria o universidad, aquellos que ya rebasan los 15 años, están en la edad de explorar su responsabilidad y prepararse para construir su propia independencia.

“Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros.”
(Sócrates, 470 AC – 399 AC)

Pero si tenemos hijos de 25 años (¡un cuarto de siglo!) o más y no asumen su rol de adulto, o no los dejamos hacerlo, debemos prestar atención y asumir que tenemos un problema en casa: A esta edad uno ya no está pensando si quiere ser adulto o no, porque ya se es adulto. Ya no es una opción aunque muchos jóvenes (y papás de jóvenes) se aferran a esta bonita ilusión y se privan de alcanzar su desarrollo.

¿Qué están esperando? La vida sigue, no se detiene por nadie y será más difícil subirse a ella y seguirle el ritmo entre más tiempo pase sin aceptar su condición de adultos, de seres autosuficientes o interdependientes. Pero si no abren los ojos a tiempo, tanto los papás como los hijos podrían quedarse esperando toda la vida… ¿a qué? a que se vayan los miedos. Pero hay malas noticias: Los miedos se van cuando actuamos, pero se quedan y se hacen más grandes cuando estamos inmóviles.

Muchos miedos están bien fundados y son razonables, los chicos pueden salir lastimados, perderse en alguna adicción o resultar en un embarazo prematuro, entre otros riesgos reales. Para ayudarles a pasar exitosamente la experiencia de la adolescencia y entenderlos, la Psic. propone prestar atención a estos 4 miedos comunes de los papás:

Miedo 1 – Los chicos pasan de la dependencia a la independencia en todos los terrenos de su vida: Empiezan a ir solos a la escuela y a las reuniones o fiestas, tratan de ganar su propio dinero trabajando, quieren hacer sus propias cosas y dejar de imitar exactamente lo que hacen mamá y/o papá. Es la edad en que los padres dicen con frecuencia “pero si era tan buen niño o niña”. Y lo más probable es que lo sigan siendo, pero ahora pelean por descubrir su manera de hacer las cosas y por encontrar lo que realmente les gusta hacer, en algunos casos se apegarán a lo que hacen sus padres, pero ya no por imitación o admiración a ellos, sino porque tienen un interés propio en esas actividades.

En otras ocasiones encontrarán actividades y ocupaciones muy distintas a lo que acostumbraban hacer en familia, y si las disfrutan y no causan conflictos con los valores familiares será una salida sana (artes, deportes, excursiones, oficios…). Incluso hay ocasiones en que esas actividades pueden causar conflicto a la familia, pero si realizarlas no implica que alguien saldrá lastimado o perjudicado, no hay razón para impedir que se dedique a eso.

“La vida no debería echarlo a uno de la niñez sin antes conseguirle un buen puesto en la juventud”.
(Miguelito)

Miedo 2 – Los chicos también viven una fuerte dualidad y se debaten entre la compañía y la soledad. Tan pronto rechazan a los adultos que siempre han querido, como los vuelven a buscar con más cariño y respeto que antes. A veces parece un comportamiento caprichoso, juguetón o chantajista. En realidad es la expresión de las confusiones que vive el adolescente al descubrir su propio espacio íntimo y querer vivirlo al máximo pero también compartirlo.

A muchos papás les preocupa y les asusta que sus hijos o hijas se vayan a aislar y se vuelvan antisociales, pero recordemos que en esta edad de cambios y justo en el conflicto de saber en quién se puede confiar realmente, los jóvenes adolescentes prefieren la compañía y el contacto de sus iguales, es decir, de otros jóvenes más que de sus papás y otros adultos. Esto no significa que le hayan perdido el respeto y el valor a esos adultos: los siguen queriendo y respetando tanto o más que antes, pero

necesitan reafirmar sus opiniones y confrontar sus ideas con otros iguales. Si tu hijo o hija adolescente tiene amistades entonces no hay que preocuparse de que llegue a aislarse. Habrá que ocuparse más bien de saber quiénes son esas amistades y qué le aportan, pero de una manera amigable y no invasiva. Después de todo, esas amistades son las personas más importantes e influyentes en su vida.

Miedo 3 – Los chicos y las chicas se vuelven conscientes de su sexualidad. Esto no significa que forzosamente empiecen a tener una vida sexual activa, pero sí es más obvia la atracción erótica hacia otras personas y el interés específico en relacionarse con una en especial. El erotismo y la curiosidad también se dirigen hacia su propio cuerpo, que está cambiando y tomando forma y tono más de adulto, despertando oleadas de hormonas que provocarán también cambios en el estado de ánimo, y en la relación con los papás.

Lo ideal es que los papás manejen el tema de la sexualidad con sus hijos en un clima de confianza y apertura, pero si los mismos padres (o uno de ellos) tienen dudas o conflictos respecto a su sexualidad, o si vivieron experiencias difíciles con su sexualidad en algún momento de su vida, tal vez les convenga pedir ayuda terapéutica para ayudarse a sí mismos y para poder acompañar a su hijo en esa etapa de descubrimientos. La sexualidad va más allá del placer físico y la atracción hacia otra persona, implica las maneras de desenvolverse en el mundo, de saberse aceptados o rechazados, de sentirse dueños de sus decisiones y gustos.

Miedo 4 – Los chicos y chicas buscan asumir una responsabilidad, saberse útiles le da un sentido de seguridad a su existencia y al mismo tiempo les permite sentirse más libres. Por fin tienen la oportunidad de demostrarse a sí mismos que son capaces de hacer algo y de ganar su propio dinero. Ambas cosas se resumen en que se convierten en personas productivas, y éste es el primer paso para llegar a ser en el futuro adultos autosuficientes e interdependientes.

“Adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos no tiene poca importancia: tiene una importancia absoluta.”
(Aristóteles)

Al leer esto tal vez te identifiques con una situación específica, de cualquier manera no te preocupes demasiado: La vida da opciones y la mayoría de las veces hay que seguir la intuición para seguir el camino más conveniente, claro que la pura intuición no basta y por lo mismo será importante plantear todas las dudas y comentarios que haya, en cualquier área de la vida, usando los ingredientes básicos del amor:

Comunicación, confianza, respeto, contacto y compromiso.

Si eres padre o madre de familia, confía en tus hijos, transmíteles ese sentimiento y a cambio, ellos te permitirán seguirlos acompañando en el camino de la vida, a su estilo. Si eres hijo o hija, te hago la misma recomendación: confía en tus padres y a cambio podrás ir por la vida sin miedo a la soledad, porque nunca estarás solo o sola.

Hasta luego.

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