JUGAR A SER BUENOS.

JUGAR A SER BUENOS.

“La única recompensa de la virtud, es la virtud.
La única manera de tener amigos, es ser un amigo.”
Ralph Waldo Emerson

Siempre que vemos una película o una caricatura nos preguntamos quién es el bueno, y mientras se desarrolla la trama también vamos tratando de identificar si los personajes que aparecen son buenos o malos. En las novelas, los partidos de fut y las películas estilo Hollywood es muy fácil hacerlo, están diseñadas para sentir simpatía hacia el “bueno” o la “buena”. Pero también en los noticieros pasa lo mismo, tendemos a interpretar las noticias en términos de “buenos” y “malos”, si no es que el mismo noticiero nos dice sin tapujos a quién debemos considerar “bueno” y a quién debemos temer y rechazar.

Y al final, cada uno se forma su propio concepto de lo que es “ser bueno” y actúa de acuerdo a él.

En algunos casos lo que se aprende es que “ser bueno” significa ganarle a los demás, ser el mejor al costo que sea y asegurar que “mi gente” esté bien, sin importar cómo. De este tipo de “bondad” ya he hablado en otras entradas de este espacio (por ejemplo aquí o aquí) y seguramente volveré a tocar el tema alguna otra vez. En el extremo opuesto están las personas convencidas de que “ser bueno” es dedicarse 100% o más a la gente que quieren, aún a costa de sacrificarse a sí mismas.

En realidad, vivir para darle gusto a otros no es “ser bueno”, a la larga genera amargura y resentimiento en la persona que lleva este rol durante años, porque hay algunos mensajes silenciosos, de fondo, atrás de todos los actos de bondad:

“Yo soy bueno, por eso merezco lo mejor y un día lo tendré”.
“Yo soy bueno contigo para que me quieras”.
“Yo soy bueno contigo a pesar de todo: Yo soy mejor que tú”.
“Yo soy bueno y me sacrifico con gusto, ¿por qué todos los demás no son igual?”

Siendo tan buenos con los demás e ignorando nuestras necesidades, al final nos sentimos con derecho de juzgar y reclamar a los demás y a la vida misma.

En aquellos que viven de esta manera su parte bondadosa existe un sentimiento confuso y contradictorio, ya que al mismo tiempo sienten culpa y orgullo, resentimiento y necesidad de ayudar, deseos de ser libre y miedo a retirarse. Aún cuando son capaces de querer y ayudar a todo el mundo si tienen la oportunidad, generalmente se dedican preferentemente a una sola persona: mamá, papá, un hermano, una hermana, la tía que vive sola, el esposo, la esposa (o como le diga a su pareja). Siempre hay una persona a la que deben cuidar más, a la que hay que dedicarse y por la que vale la pena sufrir y luchar en esta vida.

El problema es que quienes “son buenos” de esta manera se olvidan de sí mismos, al menos aparentemente y se conforman con hacer feliz a alguien más (también aparentemente, porque esto de ser feliz es responsabilidad de cada uno). Y si no hay felicidad dentro de su corazón, en su vida diaria, ¿cómo es posible que le den felicidad a otras personas? Nadie da lo que no tiene. La lógica dice que para querer realmente a otro, antes debes demostrarte que te quieres a ti mismo: Que en tu propia persona encuentras alguien a quien cuidar, que tú eres digno de recibir amor y buenos tratos.

Y si no, ¿qué pasará el día que se vaya esa persona que merece todos los cuidados y cariños? Los familiares mueren o se van retirando para hacer su vida. Las parejas pueden llegar a separarse, los amigos también se retiran aunque siga viva la amistad. Y la persona que quiere ser buena en función de agradarle a otra persona, siente una angustia tremenda cada vez que ocurre uno de estos cambios. Cada vez que necesite hacerse caso a sí misma. Si no te tratas a ti mismo como tratarías a la persona que más quieres, solamente estás jugando a ser bueno.

Es importante entender que en este juego hay reglas muy claras, voy a describir aquí las que tengo más claras para ayudarte a identificarlas y descubras si las estás aplicando en tu vida. Si resulta que sí, bienvenid@ al mundo de la codependencia, que afortunadamente también tiene puerta de salida.

Por lo pronto, aquí están las reglas del juego, presentadas sin un orden específico:

1. Creer que las necesidades de la otra persona son más importantes que las propias.

2. Sacrificar o posponer indefinidamente tus planes, proyectos y bienes materiales para satisfacer a esa persona.

3. Limitar la vida social al mínimo permitido por la persona a la que se debe complacer.

4. Ofrecer tu ayuda antes de que te la pidan.

5. Si algo sale mal, ofrecer opciones de solución antes de identificar las causas y los responsables de que las cosas no hayan resultado como se esperaba.

6. Sentir una culpa tremenda cuando la otra persona se siente mal, o simplemente cuando está callada.

7. Ceder a las exigencias de esa persona aunque parezcan ilógicas o hasta humillantes, porque la quieres mucho y se merece todo.

8. Creer que al hacer todo esto conseguirás el respeto y el reconocimiento de esa persona y de las demás.

9. Asegurar que la otra persona va a cambiar cuando valore todo lo que haces por ella.

10. Creer ser dueños de una virtud muy especial: la de “ser buenos” a pesar de cualquier cosa que ocurra.

11. Renunciar a la propia autoestima, esperando recibir la estima de otra persona.

Son reglas crudas, se escuchan crueles pero hay personas que las cumplen cabalmente. Y esas personas pueden dejar de hacerlo, solo que esta decisión debe salir desde su interior, de lo más profundo de su corazón para que se comprometan consigo mismas; de otra manera no podrán seguir el proceso de reconciliarse consigo mismas para recuperar su propio tiempo y espacio.

¿Qué se gana con este juego?

En lo personal creo que jugar a ser buenos es ganar puros premios virtuales, por no decir imaginarios:

Se gana el derecho de manipular o chantajear, porque “yo soy bueno”.

Se gana el derecho de estar siempre con la persona querida, aunque no la aguante.

Se gana la reputación de ser una excelente persona, muy entregada y que sí quiere a _____________ (ponga aquí el nombre de quien guste), porque se lo demuestra siempre.

Se gana el derecho a recibir la compasión y las migajas del amor que otras personas sí piden y reciben asertivamente.

Se gana la creencia de ser útil, por satisfacer a otra persona.

Se gana la ilusión de controlar la vida de otra persona a través de la ayuda que se le brinda.

Se gana el derecho de vivir una relación de codependencia.

¿Qué tal con este jueguito?

Y la pregunta final, en tono cantinflesco: ¿Entonces resulta que no es bueno ser bueno? No. La bondad existe y la virtud también, aunque cuesta trabajo alcanzarlas y vivirlas pero una vez que esto se da, uno puede empezar a hacer lo correcto sin pensar en darle gusto a nadie más; esta no es una postura egoísta sino necesaria, pues una vez que se han satisfecho tus necesidades puedes decidir con quién vas a compartir tu bienestar, y en ese momento te das cuenta de otra cosa muy curiosa:

Cuando dejas de jugar a ser bueno, también dejas de buscar relaciones con gente codependiente que le gusta jugar a que no puede vivir sin tu ayuda. Ya no te interesa el estatus social de “ser muy buena persona”.

Siempre es posible decidir algo diferente, la decisión es más efectiva y duradera cuando viene de adentro.

Hasta luego.

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One response to “JUGAR A SER BUENOS.

  1. ¡Cuán cierta la frase de Emerson!, basta con observar a los perros, son los únicos animales que no tienen que trabajar para ganarse su comida. Las aves cantan, las vacas dan leche, las gallinas ponen huevos, pero el perro, ¿qué hace el perro?, simplemente le demuestra cariño a su dueño.

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