Cuando habla el enojo.

Psic. Margarita S. Guerra Paredes.

No hay duda de que las palabras de alguien amado y cargado de enojo y frustración pueden generar dolor en el pecho, “como” una herida, que no sangra pero si duele.
Cuando gana el impuso de emociones como impotencia, frustración y rabia, las palabras que salen, son poco pensadas, poco estructuradas y con frecuencia no son lo que en realidad se cree o se piensa por ejemplo: “mami, ya no te quiero vete” pudiera tener el significado de “me duele mucho que no me compres ese juguete” o esta frase de una madre a su hijo… “Ojalá no te hubiera parido” que con frecuencia tiene el significado de “me decepcionaste y me siento muy herida por lo que hiciste”.

El enojo lleva a reaccionar con palabras y actitudes que si hubiera habido mayor control de las emociones no se hubieran permitido expresar.
Claro que las consecuencias de las palabras expresadas no son agradables, ni para quien las recibe, ni para quien las dice.
El que las recibe, se queda con ese dolor “en el alma… en el pecho… en el corazón”.
El que las dice, se queda con toda la culpa, arrepentimiento, y enojo por no haber controlado el enojo.
Esto aplica en cualquier relación que es importante emocionalmente. Tal vez las situaciones en las que he visto más dolor es entre padres e hijos. Mi sugerencia en cualquier caso que se presente esta situación es la siguiente:

– Es importante que quien escucha la agresión trate de ser objetivo y ver el contexto y darse cuenta de que HABLA el enojo, no habla la persona. Esto ayudará a quitarle peso y dolor a esas palabras y ayuda a no engancharte con las palabras.
– Pon distancia física; cuando una persona esta tan enojada que no mide sus palabras, ya no está generando una actitud para resolver y aclarar, sino para lastimar. Es conveniente tomarse tiempo para que las “aguas bajen”.
– Busca un momento de tranquilidad para aclarar lo que lastimo y confirmar el mensaje escuchado. Con mucha frecuencia no es lo que deseaban decir, “habló el enojo y las ganas de lastimar”.
– Cuando confirmas que el mensaje escuchado y que te lastimo es correcto… respira y piensa en tus alternativas. Lo que deseas hacer con esa información.
– Es muy importante que cuando hable el enojo de un hijo (sobretodo adolescente), te pongas un impermeable mental, para que sus palabras no lleguen a tu corazón. Recuerda que tú eres el adulto, el que sabe controlar sus emociones. No te lo tomes a personal, en el caso de adolescentes, habla el enojo y las hormonas, y no quiere decir que tienes que permitirlo, solamente permitas que llegue a tu corazón para que puedas responder de forma serena y logres que tu hijo aprenda a controlar su enojo.

Tal vez está de más decirlo, pero lo ideal es que puedas practicar día a día el control de tus emociones, que no significa que las reprimas.
Controlar es guardar para un mejor momento la emoción que tengo en este momento, porque no es el lugar adecuado, ni lo expresaría de la mejor forma.
Reprimir es negar que la emoción existe y buscar algo para distraerte y que la emoción “se vaya” (nunca sucede).
Explotar, es cuando das rienda suelta a lo que piensas y sientes sin medir consecuencias.

¿Cuál es tu estilo?… ¿Qué le estas enseñando a tu hij@?…¿Qué te gustaría cambiar?.

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